lunes, 22 de diciembre de 2008




Alguien se ajusta los cordones
porque también se ajusta el cordón policial
Alguien canta, y se escucha cantar
a si mismo en los miles a su alrededor
Por fin algo de libertad en la ciudad
Alguien mira y se deja mirar
hay tanta luz en la avenida
Todos se juntan y juntos van
a ver si en la plaza San Martín
ya es de mediodía

Tanto de colonia tiene esta ciudad
escondido en los ladrillos de su catedral
en el césped bien contado de su plaza central
en la fachada del banco multinacional.
Cada tanto, sin un motivo más exacto
que la exacta necesidad, la exacta libertad de rebelarse
Cada tanto la avenida declara el paro general
y se levantan los cordones de las veredas
y los vidrios se suicidan del espanto
Abandona su concurrida soledad la plaza central
Lo acompañan los pasos y el esfuerzo de los valientes
Nada se esconde bajo la capucha
ese es mi rostro, ese es el rostro igual de todos
Nada destruyen esas piedras
sólo golpean contra la mediocridad, la injusta mediocridad
la mediocre injusticia.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Suenan los tambores

Antes que nada, quiero desligarme de la responsabilidad de que este texto no se publique en su totalidad. Así me lo dio Facu. Así lo leimos todos.


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Suenan los tambores. Jamás me creí capaz de semejante represión. Juzgué sin pruebas que debía desenredarme el pelo.

En realidad para dormir por las noches me digo que fue por higiene, una batalla contra los parásitos. Sé, sin embargo, que fue un acto de envidia, escudado en los preceptos de una civilización que me ordena cortar de raíz. Una mañana los vi a todos juntos, abrazándose, casi como si fueran una sola entidad. Pensé que semejante unidad despreciaría mi individualidad, que atacaba mi estética, que escondía en su masa. Mi muerte. Tronaron en lo alto las cascadas de la guerra. Había que ver si mojándolos se desconcentraban, posiblemente ni sería necesario pasar a mayores. Empapados de raíz a punta demostraron que aquella unidad forjada con tanto esfuerzo en las cálidas noches, entre vapor de sudor y los quejidos de un ventilador, no cedería a una provocación cobarde. Entonces apelé a la individualidad, debía separarlos para disciplinarlos. El compañero no es confiable, aceite entre él y vos. El compañero es terrorista, aceite entre él y vos. El compañero nos va a hacer matar, aceite entre él y vos. El compañero te usa para salvarse, aceite entre él y vos. Pibe, tenés que entender, las cosas no son así, éste es un loco, aceite entre él y vos. No me creyeron. Ya lo sabía. Desde el principio sabía que nada de eso iba a resultar, pero tenían que pensar que me importaba que pudieran elegir la rendición, había que darles una segunda opción. Cuando todo estuviera perdido esto serviría para que se deslice la triste sumisión de la individualidad. Tuve que mandar a los soldados, nunca quise les dije a las madres de los muertos, la situación lo exigió le expliqué a la prensa. Pero lo cierto era que los cincuenta cabezones estuvieron todo el tiempo preparados, formados, cuadrados, con esa seca expresión militar en la cara, al alcance de mi mano. Los manuales aconsejaban empezar por las puntas, por aquellas regiones de la periferia de la organización que cederían más fácilmente permitiendo obtener información y lugar vital para desarticular todo el resto. Yo conocía desde el nacimiento al pueblo que me enfrentaba. Un pueblo de naturaleza tan ruluda se hacía invencible en las puntas, se tomaban por los brazos unos a otros hasta ser casi un nudo, una pared capilar invencible. Creí que lo mejor sería probar un ataque general hasta encontrar el eslabón débil. Demasiado temprano caí en la cuenta de aquella táctica estaba errada. Entonces recordé algunas batallas. Comencé los ataques por la zona derecha del frente. Cuando logré el primer avance el frente fue flanco y comenzó la carnicería. A veces ni eso. A veces cambiábamos de lado para atacar y de eso surgió la curiosa observación de que las derrotas en un flanco de los rebeldes repercutían en la unidad entera. Deduje que esto se debía a la aniquilación o disciplinación de cuadros importantes, de largos e intrincados factores de unión. Los muertos se acumulaban abrazados aún a los pies de los soldados. Cuando me di cuenta de que faltaban los dos primeros soldados, que yacían inertes en el suelo, era tarde o vencía o me humillaba. Y la batalla siguió cada vez más encarnizada, cada vez más sangrienta. Cada tanto repetía aquello de que tenés que darte cuenta el compañero nos está matando, aceite entre él y vos. Cada vez funcionaba mejor. Muchos prefirieron disciplinarse cuando vieron venir a los soldados con pies de muertos. Y en lo más violento de a batalla, cuando creía que mi ferocidad triunfaría, los soldados se sublevaron, se arrancaron de cuajo de mis órdenes. Se unieron al festejo de los vencidos que obtenían su victoria más importante. Si yo hubiera podido quizá hacía lo mismo. Ni siquiera pensé que podían ser rehenes en aquella jungla. Seguí con mis manos. En primer lugar retiré a los soldados y los descarté como muertos, aunque siguieran vivos andaría este mundo como muertos. Los separé a los que quedaban en

Qué voy a hacer con vos

Qué voy a hacer con vos
Cuando el cielo desate su rebelión
Cuando se haga verdad esa rara sensación
De que anda cerca un mundo mejor

Ese diluvio que llene el desierto de la última esperanza
Aquel maremoto que desaparezca el mar de las injusticias
Cuando marchen a la batalla los hombres descalzos y llenos de confianza
Y se llenen los pulmones de este aire tuberculoso,
Para sanarlo poco a poco.

Habrá que hacer una trinchera honda como la felicidad
Que entren el océano de tus ojos y las gaviotas de tus miradas,
Todas las selvas de tus berrinches, y las cadenas de mis mentiras
Que entre el planeta entero que se formó por la gravedad de ser distintos

Que no queden afuera ni los tiranos sin escarmiento,
Ni los compañeros que no están, ni las sombra de sus fusilamientos
Adentro todos los que nos dieron la mano en el camino
Los que nos la destrozaron, los que nos la apretaron, y los que nos abrazaron.

Decorada la gloria de nuestra trinchera.
Defendidas nuestras palabras en la historia
Nuestro cívico derecho a cambiar
Nuestra legal y eterna adicción a sonreír.


jueves, 4 de diciembre de 2008

Diego

Diego es mi amigo, y no es mi amigo por que sí. Es que Diego tiene el paso firme y la mirada serena. Con Diego soñamos trayectos imposibles y los recorremos a pie. A Diego se le llenan de sangre las venas con cada latido, y en cada gota de sangre deja hasta el último suspiro. Y no es que sea el ideal en vida, es solamente, que Diego tuvo la singular idea de vivir en un mundo justo. Y por que en un mundo justo nadie le pisa la cabeza a nadie, Diego no se dejó patotear por nadie, por nada, nunca más. Y como en un mundo justo nadie impone nada, Diego se dejó el pelo largo, lacio, hasta los omóplatos y creciendo. De vez en cuando un obrero chicato le grita algo, confundiéndolo. Diego tiene una hermana y vive con su madre. Será de tanto trato con mujeres que Diego tiene la delicadeza esa que le admiran tanto cuando besa. Diego es mi amigo porque en un mundo justo nadie se pierde a un amigo como Diego.

A Diego casi no lo conozco. Lo vi a Diego una sola vez, en una foto con su hermana, contra la pared de un colegio como el mío. Sé de Diego que tuvo la peculiar idea de vivir en un mundo justo. Y porque en un mundo justo nadie le pisa la cabeza a nadie, Diego no se dejó patotear. Y como el mundo no era justo, Diego lo quiso cambiar. A Diego lo mataron de bala y con su sangre decretaron que el mundo no era justo. Diego tenía un amigo y lo lloró a Diego, porque era su amigo. Lo lloró igual que lloro yo porque, aunque no lo haya conocido, Diego es mi amigo.

El amigo de Diego tuvo un hijo.

Diego sabe que cuando levanta la mano en el aula, el celador le pone presente a Aguirre y a Hunziker. Porque en un mundo justo el plomo no calla la voz, y los hombres viven mucho más que la vida. Y éste, aunque no les guste a los patoteros que pisan cabezas, éste va a ser un mundo justo.

Diego Hunziker era un chico de 17 años, alumno del Colegio Nacional de Monserrat, que participaba en la Unión de Estudiantes Secundarios. Fue secuestrado el 4 de Septiembre de 1976, estuvo detenido en el campo La Ribera, luego trasladado a la Perla y hasta el día de hoy permanece desaparecido. Enrique Aguirre había conocido a Diego Hunziker en el Colegio Nacional de Montserrat y eran amigos. Diego Aguirre se llama así en memoria del nombre del amigo de su padre.

martes, 2 de diciembre de 2008

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Ya tenemos el consentimiento de Facu. :)


Contigo compañera


Hace cinco minutos estoy repitiendo este verso.

Contigo compañera.

Desde siempre me esperaba en tus labios, este verso.


Contigo compañera

Me sobra el orgullo para decir

Dadme un cuaderno y seré millones.

Y vociferar en estas hojas de montones

Qué lindo es estar contigo compañera


Contigo compañera

Se escucha una canción

Que estaba escondida

Donde nadie quería escuchar

Que dice que existe un mundo mejor

En la sonrisa de los chicos y en tu canto despacito


Contigo compañera

Todos los besos chiquitos que me dieron

Son un anhelo de libertad.

Y todos los burocrátas en sus ventanillas

Son para morirse de la risa, contigo compañera.


Contigo compañera he sido tantos,

En tu cuarto, en la avenida y sobre las cloacas.

No correspondido, hartante y enfurecido.

Poeta luchador y un simple tipo.

Contigo compañera he sido tantos.

Antes que vos...

<<Es mucho mejor leer las poesías de Facu desde el texto original. Por eso algunos no solo nos tomamos el trabajo de tipear lo que escribe en papel, sino que los digitalizamos o escaneamos. Porque hay espacios, rayas, informalidades, errores de ortografía que el Word no puede suplantar. La idea es que el público pueda acceder a ambos (el tipeado y el "original") para su mayor provecho. Provecho.>>


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Te quitaron la vida pero no te pudieron quitar la libertad.

Moriste joven y libre.

Eternamente libre.

A él le han quitado de por vida.

De por vida le hemos quitado la libertad.

Morirá viejo y preso.

Eternamente preso.



Antes que vos

Murió Guevara en la Sierra.

Había nacido aún antes,

Pelando en sierras como éstas.


Antes que vos

Rieron los valientes de España

Porque estaban luchando

Y así se les iba la vida de madrugada.


Antes que vos

Creyeron su muerte dulce

Los fusilados en París

Porque se leyeron en tus libros de historia.

Antes que vos

Otros hombres libres lucharon codo a codo

Y le dieron aire a nuestros pulmones.

Fuerza a nuestros brazos y sentido a lo que somos.

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Antes que vos

Otros dieron vuelta esta página

Para averiguar

Si la poesía se acababa

Y supieron, para que vos sepas

Para que lo lleves como bandera al combate

Para que lo guardes en tu camisa

Y lo lleves hasta en la tumba,

Supieron que la lucha no se acababa.

Antes que vos otros la amaron o amarán a alguna como ella

Y se sentaron en la vereda de la siesta celeste

Y se llenaron de aire y pensaron en este mundo de azul y verde

Q te amaron a vos que no existías

Y por eso lucharon,

Y por eso las mataron

Y resucitamos

Para que no estés solo en tu celda fría compañero.

Para que no mueras solo.

Después,

Después el mundo cambia, eternamente cambia

Inevitablemente cambia, ese es un secreto contado a los gritos

Por los revolucionarios.